Generosidad de corazón y de fe

La generosidad es una virtud que nos enriquece, no sólo porque cuando hacemos las cosas de corazón sin esperan nada a cambio, recibimos mucho más de lo que damos, sino porque somos capaces de renunciar a nosotros mismos dando lo mejor de nosotros mismos por amor. Como siempre necesitamos imágenes, utilizamos el amor de los padres hacia los hijos, una generosidad ilimitada, que nace del corazón. Así es el amor que Dios nos regala cada día, generoso y lleno de vida, para que también la entreguemos siguiendo su ejemplo. Quien es generoso de corazón, tiende siempre a ponerse en el lugar del otro para poder comprenderlo, aceptarlo y amarlo tal y como es. También tiene la virtud de defenderlo cuando los demás lo juzgan a la espalda. Al conocer a personas así, te sientes atraídos por ellas porque su bondad te engancha y te admira. Todo lo que te transmite es bueno. Además, quien es generoso de corazón es también generoso a la hora de perdonar, no por sus méritos, sino por la acción de Dios en su vida.

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Lo que te rodea – Camino de Santiago (V)

La etapa a Portomarin ha sido una etapa tranquila y suave, salvo las bajadas que han añadido una tensión a las piernas, pero nada que un buen descanso no pueda reparar. La climatología ha acompañado desde la salida de Sarria, por la niebla en primer lugar, y, después, por las nubes que han mantenido una temperatura ideal para caminar. Pero me quiero centrar en la niebla y en no poder contemplar la belleza del paisaje más allá de cincuenta metros, porque esto me ha hecho reflexionar sobre varias cosas. 

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Sé testigo del perdón

Somos pecadores, imperfectos y estamos llenos de debilidades. Para Dios no es una sorpresa, Él cuenta con ello, sabe como eres y es paciente con tus ritmos, con tus cambios. No tiene prisa ni se inquieta. Te mira con cariño y ternura esperando que le dejes hacer en tu vida. Dios no busca personas autosuficientes, sino más bien a aquellos que están dispuestos a abrir su corazón. ¿Lo estás? Porque el punto de partida de la vida cristiana no está en ser dignos, sino más bien lo contrario. En los evangelios vemos cómo los que se creían buenos y religiosos, rechazaban a Jesús y no pudo hacer nada con ellos. Cuando el Señor hablaba, ellos se escandalizaban y le juzgaban. Es importante tener un corazón humilde y sencillo, así es como Dios actúa con quien se reconoce necesitado. A Él no le atrae tu capacidad, tus dones…; Dios nos ama tal y como somos y quiere que seas transparente. Sé humilde hasta el final, porque la santidad no se alcanza enalteciéndose, sino abajándose, confiando tus pobrezas y debilidades a la misericordia del Padre Bueno, para que así el perdón se haga cada día más fuerte en tu vida.

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Tu vida es una bendición

Que cada día de tu vida sea una bendición por todo lo que el Señor te ha permitido vivir y por la maravillosa oportunidad que tendrás a lo largo de este día de bendecirlo y alabarlo, con un corazón agradecido, por todo lo que vives y lo que tienes en tus manos para realizar pequeños gestos de amor en su nombre. Esos gestos que llenan tu corazón y el de los que te rodean. Así no solo bendecirás al Señor, también a los demás, porque conviertes tu vida y la de los hermanos en un don, en un regalo que el Señor te ha dado para que lo compartas con todos. No te quedes en las palabras bonitas y en los gestos que te hacen quedar bien, esfuérzate cada día por hablar bien de los otros con amor y contárselo en tu oración y con tus palabras a Dios y a los demás. Así lo hizo Jesús cada vez que tenía la oportunidad de ayudar a quien se acercaba a Él. Siempre miraba al cielo, y después de invocar al Padre sanaba y bendecía. Así fue el milagro de los panes y de los peces (cf. Lc 9, 11-17), el Señor Jesús miró al cielo y pronunció la bendición. Entonces se produce el milagro.

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El día después de Pentecostés

Al día siguiente de Pentecostés los discípulos de Jesús siguieron predicando con fuerza y valentía que Jesús había resucitado. Lo hacían con la alegría que les proporcionó el Espíritu Santo y que ellos se esforzaban con conservar, cuidando su vida espiritual y llevando a la práctica cada una de las palabras que habían escuchado por boca de Jesús y que tenían bien guardadas en su corazón. ¿Qué es lo que tú tienes guardado en tu corazón? Son muchas las vivencias, sentimientos, percepciones, gozos, fracasos…, que tienes dentro de ti y que Jesús bien conoce. Puedes ser reservado o extrovertido, puedes contarlo todo o sólo lo que consideras, pero Jesús lo conoce todo y sabe cómo te sientes y qué necesitas en cada momento de tu vida. Por este motivo, déjate llevar por Él, no te escondas nada y no le des largas, posponiendo encuentros, tan necesarios y especiales, que te ayuden a abandonarte y así vivir ese amor tan especial que es el que Dios nos da.

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¿Quién es tu samaritano?

Amar al prójimo hasta las últimas consecuencias a veces es complicado. Jesucristo ha puesto los listones bien altos para que te exijas y no te dejes llevar por lo más cómodo o lo que menos te complica la vida. Amar al enemigo y rezar por los que te odian (cf Mt 5, 44) es ser sal y luz del mundo, porque éste nos dice justo lo contrario. No caigas en esta tentación fácil de rechazar, desentenderte o incluso odiar. Jesús sabe que con su ayuda serás capaz de conseguirlo, podrás vivir el perdón en sus principales dimensiones. Es cierto que perdonar no es fácil, y lo que te nace es rechazarla directamente. Parece como si hubiera personas que les sale por sí solas hacer daño a los demás y aprovecharse de sus situaciones para quedar por encima de los demás a cualquier precio, que van sembrando el miedo y el temor allá donde estén. El demonio se sirve de situaciones como estas para minar tu propia capacidad de amar. Siempre debe estar en tu vida el amor por encima del rencor y del rechazo. Pero es ahí donde tienes que dejar trabajar al Señor Jesús, para que Él te ayude a dar sentido a todo en tu vida.

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Nuevos aires

El Señor nunca defrauda y siempre se hace presente de la manera que menos pensamos y esperamos. Hay veces que nos cuesta trabajo verle y descubrirle, en otras, en cambio, lo vemos con claridad y no tenemos ninguna duda. Siempre está ahí, aguardando el momento oportuno para removernos y para que todo en nuestra vida comience a marchar sin saber cómo. Confía en el Señor y espera en Él; hay multitud de ocasiones donde la razón se hace fuerte y cuesta más trabajo entender y creer. Esta es nuestra lucha, abrir el corazón de par en par, para que el Señor actúe y todo lo que hagas sea desde la presencia del Señor. No tengas miedo ni reparo, deja que Jesús entre y forme parte de tu vida, sin ningún interés en la relación, nada más que sirviendo y actuando en su nombre, para que la paz que Dios da a tu corazón te ayude a descubrir el verdadero significado del servicio. Dice Jesús: «Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida» (Jn 5, 24). Por esto Jesús te regala la vida eterna al escuchar su palabra. Una palabra que serena y revitaliza, que te acerca al Señor y te ayuda a vivir con fidelidad cada día, siendo instrumento suyo, para amar a los demás.

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Jesús te conoce y te ama

Jesús te conoce y te ama. Él ha dado la vida por ti y nada de lo que haces y dices le resulta extraño, pues bien sabe cómo eres, no hace falta que le des muchas explicaciones para que sepa lo que sientes y piensas. Eres parte de su familia y también lo eres de su vida. No quiere que le trates como jefe, sino más bien como compañero de camino, siempre fiel y a tu lado. Escucha cómo te llama por tu nombre; siente su mirada tierna y cercana que te hace sentir en la verdadera paz y tranquilidad; aprende a descansar en Él para que sientas la mayor de las seguridades de tu vida. No sentirás igual de bien con nadie excepto con Él, porque sabe hacer las cosas de una manera especial. Es tu Señor y siempre te sorprende, porque el Señor no es previsible, excepto en el amor y la misericordia; ahí si que sabes cómo va a reaccionar siempre, pero de planes, de caminos y de futuro, lo mejor que puedes hacer es ponerte en sus manos y dejar que te guíe; porque los caminos de Dios no son nuestros caminos (cf. Is 55, 8-9).

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Un corazón en búsqueda

Hacer las cosas de corazón nos llena de satisfacción y de paz. Jesús, que es el Buen Pastor, nos muestra también su corazón lleno de amor y de misericordia, para que podamos comprender cómo de grande es el amor que Dios Padre nos tiene a cada uno y cómo nos quiere acoger y comprender tal y como somos; a cada uno desde nuestras propias limitaciones y pecados, sintiéndonos hijos suyos y disfrutando del hecho de que Dios nos ha pensado, nos llama a cada uno por nuestro nombre y nos hace partícipes de su proyecto de llevar su amor allá donde estemos y haciéndonos herederos de su Reino de Amor. Por eso te invito a que mires a tu corazón y recuerdes ese primer amor que tuviste hacia Dios, que te ayuda a seguirlo cada día, a confiar en Él y tenerlo en el centro de tu vida, de tu corazón. Jesús nos enseña que el corazón de Dios nunca se cansa ni tiene límites; no se da por vencido ante las dificultades y siempre se entrega en todo lo que realiza; nos deja libres para que decidamos qué es lo que queremos hacer y cómo queremos vivir; en él volvemos a descubrir cada día lo que significa amar hasta el extremo (cf. Jn 13, 1), porque siempre quiere llegar hasta el final, siendo fiel a la misión que el Padre le encomendó. Lo mismo tenemos que aprender a imitar nosotros: aprender de la fidelidad de Jesús en la Cruz.

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El regalo de acoger

Como discípulo de Jesús estamos llamados a seguirle, a tener confianza con Él. Para desarrollarla tenemos que aprender y educarla dentro de la comunidad, compartiéndola con los demás, que forman, a su vez, parte de la propia familia. Como discípulo estás invitado a confiar, a ser amigo de Jesús, a correr su misma suerte, compartiendo su mismo cáliz: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15, 15). Discípulo es quien aprende a vivir en la confianza de amistad con Jesús. Por esto, la carta de presentación de un cristiano es el Evangelio, que nos habla de discipulado, de identidad. Así es como Jesús nos llama, y como a los discípulos, nos envía a dar testimonio y razón de nuestra fe, con unas instrucciones claras y precisas, que nos invitan a no improvisar y a no hacer las cosas como buenamente podamos. Más bien al contrario, Jesús quiere que hagamos las cosas auténticamente desde el primer momento.

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