SIN HACER ALARDE NI ALARGARSE (La Familia)

Motivación:

  • Reflexionamos sobre la vanagloria, el ansia de mostrarse como superior para impresionar a otros con una actitud pedante y algo agresiva. Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que, además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro.
  • El amor no es arrogante. Literalmente expresa que no se «agranda» ante los demás, e indica algo más sutil. No es sólo una obsesión por mostrar las propias cualidades, sino que además se pierde el sentido de la realidad. Se considera más grande de lo que es, porque se cree más «espiritual» o «sabio».
    • Pablo usa este verbo otras veces, por ejemplo para decir que «la ciencia hincha, el amor en cambio edifica» (1 Co 8,1). Es decir, algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil.
  • Es importante que los cristianos vivan esto en su modo de tratar a los familiares poco formados en la fe, frágiles o menos firmes en sus convicciones.
    • A veces ocurre lo contrario: los supuestamente más adelantados dentro de su familia, se vuelven arrogantes e insoportables. La actitud de humildad aparece aquí como algo que es parte del amor, porque para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad.
  • Jesús recordaba a sus discípulos que en el mundo del poder cada uno trata de dominar a otro, y por eso les dice: «No ha de ser así entre vosotros» (Mt 20,26). La lógica del amor cristiano no es la de quien se siente más que otros y necesita hacerles sentir su poder, sino que «el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,27).
  • En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. También para la familia es este consejo: «Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes» (1 P 5,5).

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SANANDO LA ENVIDIA (La Familia)

 Motivación:

  • Significa que en el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro (cf. Hch 7,9; 17,5). La envidia es una tristeza por el bien ajeno, que muestra que no nos interesa la felicidad de los demás, ya que estamos exclusivamente concentrados en el propio bienestar.
  • Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Entonces, procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo.
  • En definitiva, se trata de cumplir aquello que pedían los dos últimos mandamientos de la Ley de Dios: «No codiciarás los bienes de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él» (Ex 20,17).
  • El amor nos lleva a una sentida valoración de cada ser humano, re- conociendo su derecho a la felicidad. Amo a esa persona, la miro con la mirada de Dios Padre, que nos regala todo «para que lo disfrutemos» (1 Tm 6,17), y entonces acepto en mi interior que pueda disfrutar de un buen momento. Esta misma raíz del amor, en todo caso, es lo que me lleva a rechazar la injusticia de que algunos tengan demasiado y otros no tengan nada, o lo que me mueve a buscar que también los descartables de la sociedad puedan vivir un poco de alegría. Pero eso no es envidia, sino deseos de equidad.

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ACTITUD DE SERVICIO (La Familia)

Motivación:

  • Estamos llamados a ser personas buenas porque mostramos nuestra bondad en nuestras obras.
  • ¿Cómo manifestamos nuestra paciencia? Cuando la acompañamos de una actividad: nuestra reacción dinámica y creativa ante los demás.
  • La actitud de servicio indica que nuestro amor a los demás los beneficia y promueve.
  • Queremos destacar que el amor no es solo un sentimiento, sino que se tiene que entender en el sentido de “hacer el bien”: “El amor se debe poner más en las obras que en las palabras” (S. Ignacio de Loyola). Así puede mostrar toda su fecundidad y nos permite experimentar:
  • la felicidad de dar,
  • la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, ni reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.

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PACIENCIA (La Familia)

Motivación:

  • La paciencia en este cántico al amor de San Pablo no es que «todo lo soporta», porque esa idea está expresada al final del v. 7. El sentido se toma de la traducción griega del Antiguo Testamento, donde dice que Dios es «lento a la ira» (Ex 34,6; Nm 14,18).
    • Se muestra cuando la persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir. Es una cualidad del Dios de la Alianza que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar.
    • Al mismo tiempo que se alaba la moderación de Dios para dar espacio al arrepentimiento, se insiste en su poder que se manifiesta cuando actúa con misericordia. La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder.
  • Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos.
    • El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad.
    • Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta: «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad» (Ef 4,31).
  • Esta paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba.
  • El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.

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Presentación de los talleres

 LA FAMILIA REGALO DE DIOS

Os presentamos una serie de talleres sobre la “Familia, regalo de Dios”. Lema del curso 2016-2017 de la Fundación Victoria Colegios Diocesanos de Málaga y que nos sirvió para reflexionar sobre la Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia”.

Concretamente nos hemos servido del Capítulo IV: “El amor en el Matrimonio”. En este capítulo el Papa Francisco describe perfectamente el canto al amor del Apóstol San Pablo (1 Cor 13, 4-8) desarrollando cada una de las características del amor. Hemos escogido 8 de ellas y hemos querido dar forma así a estos 8 talleres donde intentamos ver cómo ejercitamos estas características del amor desde dos perspectivas:

  • Desde la actitud en el hombre.
  • Desde la actitud en Dios.

Verdaderamente la puesta en práctica de este pasaje de Corintios es un regalo que nos puede ayudar en cada una de nuestras familias para ser reflejo de Dios.

 

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