SESIÓN 11 (2 ciclo)

SESIÓN 11 – TIEMPO ORDINARIO

  • OBJETIVOS

    • Descubrir el 10 Mandamiento de la Ley de Dios: “No codiciarás los bienes ajenos”.
    • Dios ha puesto todos los bienes de la tierra al servicio de los hombres.
    • Jesús nos ha enseñado a compartir lo que tenemos y a no poner el corazón en las cosas materiales.

  • DESARROLLO

PRIMER MOMENTO

RUTINA

  • Oración en la Capilla

SEGUNDO MOMENTO

  • Reunión por grupos
  • Leemos los mandamientos de la página 154 del Catecismo.
  1. No codiciarás los bienes ajenos.
  • Vemos el video sobre el décimo Mandamiento: “No codiciarás los bienes ajenos”.

 

  • Comentamos el video con los niños en el grupo.
  • Leemos el último párrafo de la página 98 del Catecismo y el primero de la página 99 y se lo explicamos a los niños.
    • No podemos ser envidiosos ni caprichosos.
    • Cuando deseamos lo que tienen los demás no estamos amando a Dios y nuestro corazón se llena de envidia y deseo.
    • La mejor manera de combatir la envidia es compartir todo lo que tenemos con generosidad sin esperar nada a cambio.
  • Contamos a los niños la parábola de los leñadores homicidas.

PARÁBOLA DE LA CODICIA

(Los labradores que asesinan por codicia)

Jesús propuso esta parábola: Había unos labradores que tenían una viña arrendada. El dueño mandó varias veces a sus criados para que cobrasen el alquiler; pero los labradores los fueron maltratando, los apedrearon e, incluso, mataron a uno.

El dueño pensó: mandaré a mi hijo y a éste lo respetarán. Ellos, al ver al hijo, se dijeron: éste es el hijo, el heredero; venid, matémosle y así la viña será para nosotros.

  • Comentario:
    • El deseo de quedarse con la viña, es decir, la codicia, les movió no sólo a robar, sino a matar.
    • Por eso no debemos codiciar los bienes ajenos porque la codicia nos puede llevar a hacer cosas malas e incorrectas.
  • Cuento: La nube avariciosa.

Érase una vez una nube que vivía sobre un país muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más grande y sintió tanta envidia, que decidió que para ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y nunca más llovería.

Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo que su país se secaba. Primero se secaron los ríos, luego se fueron las personas, después los animales, y finalmente las plantas, hasta que aquel país se convirtió en un desierto. A la nube no le importó mucho, pero no se dio cuenta de que, al estar sobre un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.

La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición, pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño.

Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arco iris del mundo.

  • ¿Qué le pasó a la nube?
  • ¿Por qué no quiso compartir su agua?
  • ¿Qué le pasó al principio de no compartir? ¿Cómo se sentía?
  • ¿Y al final?
  • ¿A qué le llevó no compartir su agua? ¿Le mereció la pena no compartir?
  • ¿Qué enseñanza sacamos de esta historia?
  • Repasamos y aprendemos los mandamientos de la página 154.

PADRE NUESTRO

 

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